Cuando hablamos de suelo pélvico entendemos el conjunto de músculos y ligamentos situados en la base de la pelvis.

Su función principal es sostener los órganos que se encuentran en la parte inferior de la cavidad abdominal, es decir, en el aparato digestivo, urinario y reproductor (vejiga, uretra, útero, vagina, recto), para que estos tengan una posición adecuada que garantice su correcto funcionamiento.

El suelo pélvico no es rígido sino dinámico, lo que quiere decir que se adapta continuamente a nuestros movimientos, de manera que en cada postura tenga siempre la tensión muscular adecuada para sujetar nuestros órganos dentro de la pelvis. Por eso, cuando el suelo pélvico se debilita, nuestros órganos sufren y pueden ver alterada su función.

Un suelo pélvico debilitado puede provocar problemas de salud e influir negativamente en la calidad de vida y en las relaciones sexuales. Incontinencia urinaria y anal, desgarros, hemorroides, prolapsos (caída de los órganos intraabdominales), dolores de espalda, disfunciones sexuales, son algunos de los problemas que puede causar una debilitada musculatura pélvica.

En la clínica Junterones somos conscientes de la importancia que tiene el fortalecimiento del suelo pélvico, sobre todo durante el embarazo, el posparto y la menopausia, ya que estos factores pueden provocar atrofia y sequedad vaginal.

Por eso, te ofrecemos el mejor tratamiento del mercado: INDIBA. Esta tecnología única, patentada y no quirúrgica, está indicada para los tratamientos de rehabilitación muscular porque nutre, oxigena y regenera los tejidos, favoreciendo su hidratación y ayudando a reorganizar las fibras de colágeno. Además, estimula la cicatriz, tiene acción antiinflamatoria y recupera de forma no invasiva el mecanismo de los tejidos, ayudando a reducir las dolencias y patologías propias de un suelo pélvico debilitado.

INDIBA es una terapia celular activa que lleva más de 30 años en el mercado y que se basa en el suministro de estimulación eléctrica a los tejidos a través de electrodos con una frecuencia de 448 kHz, la cual posibilita el intercambio de iones e interactúa con la actividad eléctrica celular, permitiendo que las células desarrollen sus funciones básicas. Al aplicar INDIBA se experimenta un aumento de la temperatura del organismo lo que, asociado a la corriente térmica, da lugar a múltiples beneficios.

El tratamiento INDIBA ayuda a controlar la incontinencia urinaria y anal, recupera episiotomías y desgarros, a la vez que reduce el riesgo de padecer hemorroides. También mejora el dolor crónico de la pelvis y la inflamación, por lo que es muy recomendada para procesos de rehabilitación después de una intervención quirúrgica. Además, la tonificación de los músculos de la zona perianal mejora las relaciones sexuales, pues favorece al control de la eyaculación, contribuye a eliminar la sequedad vaginal y la recuperación de los tejidos tras el parto.

Esto último se debe a que el tratamiento INDIBA reestablece la microcirculación y mejora la vascularización y la oxigenación de los tejidos, proporcionando más nutrientes a las células de la piel e incrementando la síntesis de sus dos principales proteínas: el colágeno y la elastina; lo cual se traduce en una mejora de la hidratación, de la elasticidad y de la regeneración. Al mejorar el flujo sanguíneo, las células grasas pierden su volumen rápidamente, la retención de líquido se reduce y las toxinas son eliminadas.

INDIBA es un tratamiento inocuo, no invasivo y cien por cien seguro. No obstante, no está recomendado durante el embarazo, ni sobre una piel dañada con heridas, quemaduras o tromboflebitis. Tampoco es recomendable si el paciente es portador de marcapasos o de trasplantes electrónicos.

Lo primero que deberá hacer el profesional de la fisioterapia es una valoración del estado del suelo pélvico. Primero, se le preguntará a la paciente la información necesaria sobre sus antecedentes ginecológicos y obstétricos. Después, se llevará a cabo una exploración física en dos fases. Una primera fase externa para estudiar la musculatura abdominal, la presencia de diástasis, el tono del diafragma, la musculatura abdominal profunda y a nivel óseo, las caderas, la pelvis y la sínfisis púbica. Y una segunda fase para explorar la zona genital tanto externa como interna, para valorar la sensibilidad, los reflejos perineales, la capacidad de contracción y relajación de la musculatura, y la presencia o no de cicatrices. Una vez realizado el examen completo, podremos saber cuántas sesiones de INDIBA necesita la paciente.

Los trastornos del suelo pélvico solamente los padecen las mujeres y su frecuencia aumenta con la edad. Aproximadamente una de cada once mujeres necesita cirugía alguna vez en su vida para corregir un trastorno del suelo pélvico. El embarazo, el parto vaginal, la obesidad, el estreñimiento y el envejecimiento son las principales causas de la debilitación del suelo pélvico.

 

 

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